sábado, 29 de marzo de 2014

Hombres con los que no me he casado

Vieja taberna de Brest  2009


No importa adónde lleve mi camino,
no importa dónde me retire,
en suma, no importa cómo o por qué
o adónde vaya, allí están ellos.
En caminos o vericuetos, calles y plazas,
en callejones, paseos o avenidas,
parecen surgir de todas partes,
hombres con los que no me he casado.

Los miro cuando pasan junto a mí;
a cada uno observo con asombro,
Y "por Dios bendito", exclamo,
"¡allí va ese tipo cuyo apellido podría llevar yo!"
No representan una especie rara,
andan y hablan como los demás;
son agradables a la vista -pero solo agradables-
hombres con los que no me casado.

Seguro que a ojos de sus madres
cada uno es un hombre de verdad.
Pero aunque estén en lo alto del ranking en casa,
yo no cambiaría de opinión por ellos.
Y pese a todo, la preocupación no platea sus sienes;
ni se engalanan de ramitos de ruda.
Es curioso que no les importe...
a esos hombres con los que no me he casado.

Post scriptum

Si un día tuvieran la ocasión de compartir
su suerte conmigo, toda una vida,
sin duda me ofrecerían el aire...
hombres con los que no me he casado.


 Dorothy Parker
(Magnífica traducción de Isabel Núñez) 

 

miércoles, 26 de marzo de 2014

The men I'm not married to

Sitges   2013


Nuevamente Dorothy Parker, diciendo lo que tantas queremos, quisimos, querremos decir...


No matter where my route may lie,
No matter whither I repair
In brief-no matter how and why
Or when I go, the boys are there.
On lane and byways,
street ans square,
On alley, path and avenue,
They seem to spring up everywhere-

The men I'm not married to.

I watch them as they pass me by;
At each in wonderment
I stare,
And, "but for heaven grace", I cry,
"There goes the guy whose name I'd wear"
They represent no species rare,
They walk and talk as others do;
They're fair to see-but only fair-

The men I'm not married to.

I'm sure that to a mother's eye
Is each potentially a bear
But though at home they rank ace-high,
No chance of heart could I declare.
Yet worry silvers not their hair;
They deck them not with sprigs of rue.
It's curious how they do not care-

The men I'm not married to.

L'Envoi
In fact, if they'd a chance to share
Their lot with me, a lifetime through,
They'd doubtless tender me the air-

The men I'm not married to.

(Traducción prevista para el próximo post)

jueves, 20 de marzo de 2014

Desiderio: Oso Leone

Quizás en tiempos donde incluso las tontas prisas han llegado a la música, y ésta se traga sin masticar como cualquier otra píldora dudosamente curativa; que aparezca una intervención como la del quinteto Oso Leone es casi un milagro. Pese a huir como buena banda que se precie, de las etiquetas, cierta predisposición a sonidos que abrazan el silencio como un sonido también, así como reminiscencias del folk más indefinible; ayudan o más bien distienden a la vez que preparan el cuerpo y la mente para admirar con tranquilidad su propuesta.

Porque los mallorquines confirmaron el pasado sábado 14 en la Casa Tomada de A Coruña, que el nirvana del viaje en el sentido más puro, se condensa finalmente en no moverse del lugar, que no es necesario, cuando lo más interesante ocurre dentro de la cabeza. No sin casualidad el espacio físico para acoplarnos a su viaje, fue una antigua nave de la Estación de Ferrocarril de esta ciudad, donde los trenes funcionan desde siempre como bestias metálicas mediadoras de mundos en el sentido que se le quiera dar. Ellos saben cómo lograr que la música se supere a sí misma atravesando la barrera que con la búsqueda de la perfección, impone la melodía. Lo hacen justamente, deteniéndose en las zonas más rugosas del entramado de texturas sonoras que son capaces de lograr. Mediante estribillos temblorosos pero insistentes, casi obsesivos, y que sin embargo, nunca llegan a molestar, mediante notas aisladas que como péndulos, esperamos (no) ver caer; integradas finalmente al conjunto. Todo esto gracias a una caja de sonidos Octapad, la voz y la batería de Pablo Colombás, el desértico bajo de Eusebio Alomar, y la guitarra y voz experimental de Xavier Marín. Tres integrantes temporales para una banda compuesta como dijimos, de cinco miembros.

Alternaron canciones de su primer disco y del segundo, “Mokragora” (Foehn, 2013), siendo este último quizás más definitorio en cuanto a su inquietante paleta donde los estados anímicos/mentales parecen engranarse más finamente en su universo sonoro abstracto, psicodélico y al mismo tiempo completamente natural. Ante temas como “Alçaria”, incluso los aplausos parecieron temblar y dudar; algo así como si la magia lograda fuera a estropearse ligeramente por el ruido unísono de no pocas manos agradecidas. Es evidente que parte de su logro se debe a su excelente manejo de tres presencias claves en la música de calidad: la tensión, el silencio y los tiempos. Y otro elemento más, probablemente un resultado: la sensualidad que surge de todo lo anterior. Una sensualidad no perseguida, nunca estereotipada, que parece brotar de la persistente naturaleza que evocan en los títulos de sus canciones: “Cactus”, “Salvia”, “Crisantemo”… en modo muy similar al viajero californiano Christopher Johnson McCandless, quien fue absorbido literalmente por la extraña vegetación de Alaska; aventura mística y radical que no dejó pasar el cine.

Ante las inigualables “Clivia”, “Monstera” y “Sanseviera” la impresión que se advertía en el ambiente fue de completa estupefacción, en un público completamente fascinado por cada uno de los detalles de sus hipnóticos samplers, diversas maracas y demás rarezas como la repetitiva gota de grifo que cae y cae…
Y a medida que nos fuimos disolviendo en sus sinuosidades, algunas escenas no pasaron inadvertidas, como el bajista, trágico con sus notas western en momentos precisos y descalzo. También descalza es su música por lo auténtica.
Xavier Marín ante la tópica pregunta de “las influencias”, contesta que son demasiadas para poder hablar de ellas en pocos minutos. Algo así como que la música lo acompaña desde la cuna. Quizás, cierto parecido a Gang Gang Dance sólo en su primera época, no tan exageradamente ruidosa pero parecida en lo minimal naif. También a Atlas Sound por los particularísimos e introspectivos climas sonoros. No obstante, afirma el vocalista que hay mucha base no occidental detrás: de países africanos, asiáticos… lo cual salta a la vista. Difícilmente su música sería tan única de no estar conformada justamente por lo no único: múltiples retazos de tierras ignotas, lejos, bien lejos de Europa…




Fotos: Leo
Crónica que publiqué en Desconcierto cultural el 19 de septiembre del 2013:
http://desconcierto.com/musica/En_Directo/cronica-osos-leone-casa-tomada

martes, 11 de marzo de 2014

Murallas




Allá por el 1896...  así, tan anticipadamente, un poema, una visión de nuestro hoy grabada por Konstantino Kavafis


Sin consideración, sin piedad, sin pudor
en torno mío han levantado altas y sólidas murallas.


Y ahora permanezco aquí en mi soledad.
Meditando en mi destino: la suerte roe mi espíritu:


tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos muros.

No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.




jueves, 6 de marzo de 2014

La venganza, la fibra

El hombre de mimbre
Si bien abundan en el séptimo arte las historias sobre el paganismo y el cristianismo en lucha, "El hombre de mimbre" es única en cuanto al manejo teórico y filosófico que se da de los elementos que conforman el nudo de esta lucha. También es de las pocas que trastocan el contenido inicialmente moralista en el que cae más de una película que aborda esta temática o de modo contrario; un triunfalismo pagano utópico.

En esta perturbadora película de Robert Hardy, elaborada con calma, gran tensión, excelencia narrativa y fluidez, las y los espectadores/as asistimos a una propuesta donde se sugiere el triunfo pagano al que en el párrafo anterior se hizo referencia, pero no de modo demagogo ni obvio, sino poniendo sobre la mesa de modo argumental, los motivos por los cuales y desde esta realidad interna de la película, el paganismo debería haber triunfado.
 
Un Edward Woodward magistral, así como el el resto del elenco, nos invitan a acompañarlos en la eterna dicotomía cartesiana entre el bien y el mal, pero desde un ámbito fantástico y una antropología plenamente "emic", desde las dimensiones más internas de una isla donde sus habitantes se rigen por reglas propias donde se impone una estética del ocio, del erotismo y de lo bucólico de forma muy segura, muy consolidada. Entonces, de modo gradual como ya he dicho, vemos cómo la moral cristiana intenta penetrar en este idilio, rompiendo la algarabía hedonista con la norma, el cumplimiento de la ley, la persecución, la culpa. La fotografía y la música, magistrales, son un añadido fundamental en la historia, en su acentuación de una cierta melancolía de fondo, quizás la melancolía del obligado aislamiento para conservar la felicidad...escenas como las de los/as lugareños/as cantando lánguidamente, en unión completa (la fuerza del grupo frente al individuo que impone en su terquedad) son sencillamente inolvidables. De este modo, la película avanza en un fango lleno de molestas e irritantes adversidades. Porque la grandeza de la misma es mostrarnos que nuestra médula contiene abundante religión, aunque lo ocultemos. Occidente desprende prejuicio, prepotencia, dominio, pero en el fondo no somos nadie frente al poder del gigante, el hombre de mimbre, donde arden al fuego más vivo nuestras escondidas y penosas miserias.
 
Nota que escribí para Filmaffinity el 4 de Diciembre del 2013: http://www.filmaffinity.com/es/film942280.html