lunes, 29 de agosto de 2016

Una de cal y otra de arena

Fernando García Domingo


Es la verdad que te llama
y esos versos que queman
como hojas calcinadas
que estallan
pero solo lo adviertes tú
porque ya no piensas en palabras
otra cosa ha ocupado tu cerebro

pero dije mal, tampoco es poesía

es un aviso interminable
y es rabia de millones
batida lentamente, sin ruido

es la verdad que estrangula



sábado, 27 de agosto de 2016

En la cárcel

Sada

En la cárcel
 Uno... dos... tres... ocho pasos de largo,
 dos de ancho...
 La vida se cierne sobre mí como un interrogante.

 Uno... dos... tres... Quizá otra semana.
 O el fin de mes aún me encuentre aquí.
 Pero sobre mi cabeza... la nada.

 Ahora, en julio, cumpliría veintitrés años...
 Escogí número en un juego arriesgado.
 El dado da vueltas. He perdido.
 

jueves, 25 de agosto de 2016

La calumnia



William Wyler, 1961
 
El dúo Hepburn/MacLaine en esta película que entra de cajón en la categoría de “obligadas”, es memorable. Ver cómo ambas, aunque principalmente la segunda, se dejan la piel en sus respectivos personajes, es por otra parte conmovedor. Pero conmueve más aún la trama, sentir cómo esta va creciendo y tomando la forma de todo drama cuando es llevado con brillantez y una muy poderosa crítica a la hipocresía de una sociedad burguesa occidental a principios de los años 60, perfectamente extrapolable a nuestros temibles años actuales.
 
Otro gran atino de la historia es que Wyler introduce un elemento que no es para nada frecuente en el cine, se trata de la atracción lesbiana, más allá del manido morbo erótico que tanto éxito parece tener en una amplia camada del público masculino. Wyler se ubica a años luz de esta tentación y se concentra básicamente en que esa punzante crítica se focalice en la repulsión que el prolijo colectivo “family land” de antes y ahora, de acá y acullá, parece sentir por las parejas de lesbianas. Doblemente si estas son maestras. Quizás esa carencia de ingredientes lesbo-eróticos en la película sea el motivo por el que no haya tenido la repercusión mediática esperada, lo cual convierte al director en un ídolo. Porque en esta historia no hay ni un beso, ni toqueteo alguno. Eso sí, hay abrazos. El intenso y prolongado abrazo de Martha (MacLaine) y Karen (Hepburn) es, no obstante, de todo menos erótico.
Lo que se pone en juego en esta obra maestra es una de las realidades que más duelen: la soledad que nos invade cuando decidimos ser lo que queremos ser. Pero Wyler nuevamente se atreve a ir más lejos, maneja las riendas del tema de la guerra entre el poder y la vulnerabilidad humanas a la perfección, sabe muy bien cómo hacerlo. Va más allá haciendo que Martha sea una pieza clave en el macro proceso del ser-robot que la sociedad reclama para cada uno de los seres vivientes: el autocastigo, la autocensura a su condición de lesbiana. He aquí la encrucijada: una alumna maliciosa del internado femenino donde las mencionadas mujeres son maestras decide “inventar” que ambas son pareja y que practican sexo en el colegio.

De modo que sin comerlo ni beberlo, desde una calma sobrellevada que permite al menos poner el careto esperado y hacer el papel, la mentira funciona como el elemento discordante, la turba caótica, el disparador de una verdad que Martha nunca se había permitido enfrentar. Una verdad, por otro lado, muy insolente, muy afín a la mentira, un espejo, casi un igual. Solo en las buenas representaciones de la realidad vemos fundirse a la una junto a la otra y La calumnia es una de estas representaciones.
Aquello que enterramos es lo que deseamos, y lo otro ¿qué es? Puro abismo interior. El tipo de abismo interior que pasa factura cuando obliga a Martha a cometer suicidio. Ya va siendo hora de crear otra palabra para el crimen que implica que un caprichoso juicio social (cocinado a fuego lento de milenio en milenio, de cultura en cultura) sobre algo tan intocable como la preferencia sexual de una persona lleve a la misma a fugarse de este gran anatema al que nos referimos con tiento como “mundo”.

Publicado para la revista de información cultural Culturamas
el 29 de octubre del 2015

domingo, 21 de agosto de 2016

El mensaje


Porque los muertos no pueden contarte la inmensa verdad de sus leyendas, porque lo que nunca más sabremos donde están secándose en la noche no pueden gritártelo, porque los que enmudecieron de terror han perdido la articulación de sus mensajes, por todos ellos, te acerco mi palabra que no es mía.
Son ellos lo que quieren acariciarte en el silencio de sus invisibles estandartes. Ellos se acercan a ti, con sus huesos flotando en los horizontes de la dignidad, para que sepas de sus hermosos rostros, de sus ojos de sed, de sus amores majestuosos, de sus devociones y milagros.

Ellos te piden la memoria, te invitan a que siempre tu rabia prevalezca frente a la crueldad y el espanto, claman por ti la acción de tu esperanza, te necesitan de pie castigando la injusticia.

Ellos, que se van haciendo polvo en el polvo de tantos caminos, ellos, se sienten compañeros de tu destino, viven sus muertes para que tú puedas besar, andar de novia con la luna si quieres, para que culmines con éxito tus estudios, para que puedas soñar en paz el futuro de tus hijas, para que sientas la libertad en tus pupilas, para que no sepas del dolor, y tu sangre, siempre, te camine pasajera por adentro.

Ellos han muerto por ti, por el cascabel de tu sonrisa, por tu derecho a todo, por tu corazón de gigante. Han muerto durante horas y días y años para llegar a ser raíz del sol en todos los horizontes. Ellas me han dado este mensaje para ti. Tómalo y vive.


Eduardo Mazo, Barcelona, 1982

Agenda en llamas



miércoles, 17 de agosto de 2016

El secreto reside en los nervios



El secreto reside en los nervios.
En los nervios que se tensan y alargan para alcanzar los bordes de la sociabilidad y el amor.

Los bordes espantosamente afilados de la sociabilidad y el amor.

Yo perdí mis dientes en el altar de los sacrificios humanos.

Roberto Bolaño, Amuleto