domingo, 30 de diciembre de 2012

La revancha de los estómagos vacíos

Berlín.  Oportuna foto realizada por oportuna compañera de viaje.


Cuando se despertó luego de una noche inquieta, turbia,

Noel supo que jamás volvería a trabajar.

Vio en los ojos de tantos millones

el brillo inexpugnable y seco de la broma pesada.



Escrito el día señalado: 28 de diciembre
Posteado por despiste con dos días de retraso

jueves, 20 de diciembre de 2012

Este día, un poema de Claudia Ainchil



Una interpretación ladeada, necesaria
de fechas impresas, de tiempos
obligados tiempos...

El día en que se arma navidad

Un árbol irrumpe del altillo
visiones en papeles brillantes
bicicletas conquistan poderío
para disiparlo luego
veredas juegan por el reinado
precario
todo apaga y prende
como en un banquete de día hábil
el sol cae oblicuo 
lenguas a la intemperie sin protector
pienso en los rayos
y el corazón se desabriga
me desprotejo y quemo en este día
mientras recuerdo





 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Carta de amor a Ester Quintana








sempre hi haurà un altre lloc
                                                                                                  

 A Coruña, 14 de diciembre del 2012

Querida Ester:

Hoy hace un mes.  Siento que las escasas cartas de amor que me he animado a escribir en mi vida, se desdibujan  en un pequeño atado y de golpe en mi memoria.  Se desdibujan palabras que ahora, aunque me esfuerce en negarlo, corresponden a fórmulas huecas, repetidas, finitas. No quiero decir que desprecie mis sentimientos de antaño, no.  Lo que quiero decir es que mis sentimientos de amor volcados en aquellas cartas, se vuelven irremediablemente algo vacío si lo comparo con lo que siento ahora.  Porque el amor erótico aunque maravilloso, pertenece a algo mucho más eterno, que es el amor social.  El primero es un grano de arena al lado del segundo, es algo que está inscrito en la especie.
 Pensarás que es compasión, pero se trata de un sentimiento bastante distinto.  La compasión va asociada a la pena, y ambas miran con descaro hacia abajo, al objeto de la desgracia. Sin embargo, lo que siento ahora es un dolor que va directamente desde ti hacia el centro de mí misma, porque no se equivoca tu abogada cuando dice que la sociedad entera te apoya pues se ve más que nunca, reflejada en tu persona.
Por otro lado, nunca antes tuve tanta necesidad de escribir una carta y  todos estos días se me hicieron eternos esperando que llegara finalmente el catorce.
Cuando te hicieron esto yo estaba  viajando a Barcelona.  Me extrañé de que la huelga general del mes pasado no hubiera dejado más rastros, más evidencias de una batalla que sospeché demasiado silenciada.
Y sentí decepción por este silencio profundo, porque aunque no viví la dictadura explícita, que sé bien de los silencios provocados por el miedo en su grado más alto, de las calles vacías, literalmente saqueadas por voraces ejércitos exterminadores, suspendidas en esa tensión perversa que precede a lo fatal.  Cuando caminé por las calles de Barcelona al día siguiente, respiré el hedor sulfuroso de la dictadura en un único vaho.  (Fue cosa de instantes, terribles...sospechosos instantes).  De una dictadura que engaña porque dice ser otra cosa, pero ya nadie puede negarlo: dictadura, el cubo (a) mágico de las políticas actuales.
Hace poco me enteré de lo tuyo y entonces supe que aquel día fue bastante más trágico de lo que aparentó ser, y que como siempre, las consecuencias terroríficas del sistema despótico que nos domina, se sienten mucho después.  Días, meses, años después...pero aparecen.  A veces en forma de brotes, pero aparecen.  Ante todo quisiera ser práctica, y no solo fundirme en una eterna empatía contigo, pues esto aunque momentáneamente pudiera ser reconfortante, no perduraría, no perdudaría en tu lucha por la dignidad que te mereces y quisiera que lo que te digo ahora perdure, que sea el sentido último, el espíritu de estas letras.
 Por ello, aunque continúen negando que te arrebataron un ojo, estás muy cubierta por gente que está de tu lado, y más lo estarás.  Y estás cubierta también por un valor donde antes y supongo que más al principio, hubo puro miedo.
Es evidente este cambio positivo en tu día a día con la situación que enfrentas cuando afirmas que no dejarás de asistir a las manifestaciones.  Decir esto Ester, tan solo decir esto, es ganarle la batalla al miedo.  Ganarles a ellos.
 Mientras te escribo, pienso en todas las personas que desde la creación tanto literaria como musical; artística, continúan insistiendo en que la política no es  importante.  Nunca entendí que exista gente considerada sensible e inteligente que sea capaz de decir esto.  ¿Es realmente posible que no deseen cambiar las cosas? ¿Se puede permitir este capricho el afamado arte? Creo que, de hecho, a pesar de ellos, la política los envuelve; es inevitable escapar de ella hoy en día.    Y no dejo de sentir tristeza al pensar en el tamaño que alcanzaría esta lucha conjunta por perder el temor al miedo, si encaminaran su energía hacia vías más urgentes, más allá de las simples modas del momento.
 Siento que todo lo que tengo para decirte no cabe en los renglones de esta página, pero por primera vez en mi vida tengo el poder de agrandar con palabras el espacio que se me ha impuesto desde que tengo memoria para escribir.  Porque el espacio lo estamos creando ahora.   Esto antes no ocurría. Dejemos entonces evidencia en forma de renglones de lo que tanto queda por llenar... Nosotras vamos cumpliendo con nuestra parte.
                                 Palabras que preceden
                                   palabras que siempre llevan
                                           a la acción
 Por suerte también es cierto, que muchas/os continuamos sintiendo el dolor ajeno en el cuerpo, porque de eso se trata.  No experimentar el dolor de fuera, es la trampa de hecho que impide la reforma radical que tanto necesitamos.  Llegando desde lo pequeño a lo grande.  Más aún, que lo pequeño es en sí mismo lo grande. Porque a fin de cuentas, el crack ya está hecho cuando el ojo que te han robado podría ser el mío.  Esta certeza es irrevocable.
                                                           
Por siempre  Rosanna
   
 
  



Universitat d'Alacant
Grup Transducens
Departament de LLenguatges Informàtics
Prompsit

    

martes, 11 de diciembre de 2012

Un intento de tanka



Obsequio de Erico Odaka









Desesperado

lames llamas ácidas

éxito raudo

cuando llegas al pico

desangras risa 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La perversidad de los concursos literarios



    
    Peliqueiros a punto de acción



Presentar un escrito ante un jurado literario es tarea casi obligada, ingrata.  Un carnet de conducir para gente que sabe de la imposibilidad de publicación en una Editorial sin haber sido galardonada primeramente, por un incómodo rito de pasaje: el concurso literario; la verdadera insignia scout.

Por otro lado, es una tarea que tiene bastante de desagradable (la resignación de obligarse a competir con otras mentes en un juego feroz, pensando que los concursos de belleza pertenecen a un escalafón más bajo, ja).  Pero lo hacemos, a pesar de los peros y sin obtener resultado.  Compramos lotería pensando que alguna vez nos tocará, cuando nuestro desconocido nombre es cómplice del número fatídico, la combinación perfecta, escondida entre los pliegues de la mágica y sabia combinatoria, en las fauces seguras y poderosas de la sempiterna improbabilidad.

Entonces, no nos queda otra que aferrarnos a la mano segura de la esperanza y de la ingenuidad, a turnos.  Porque soñamos con-vivir-de-lo-que-hacemos y los concursos literarios, negocio estable, diseñado al detalle para la humanidad contemporánea hipercreadora, hiperactiva; alimentan esta ilusión.  Porque sin concurso, difícil suele ser publicar.   No obstante, nos vamos dando cuenta...luego de uno, y de otro, y de otro fracaso.  Y al final nos animamos a hablarlo, con otra gente, con la que terminas coincidiendo (personas del gremio), y te abren los ojos, cuando, con más experiencia, te aconsejan con dos iluminadas máximas:

-Nunca te presentes a un concurso literario si el pseudónimo en la plica no es obligatorio.  (¿No es casualidad acaso que en este tipo de concursos siempre ganen escritores consagrados, y en una abrumadora diferencia hombres con respecto a mujeres?).

-Tampoco te presentes si el concurso lleva muchas ediciones, pues los concursos como todo, se vician, y el tributo aquel que imaginabas al escritor de tus sueños al que el concurso esmentado rinde su nombre, se pierde en la lontanía, para llegar al momento actual donde poco o nada importan estos detalles superfluos.  ¿Importa acaso que se cumplan las bases del concurso?.  Para citar mi última nefasta experiencia con este imponente auditorio de máscaras, ¿importó que para el concurso del tren de poesía y cuentos Antonio Machado, el relato debiera hacer alusión al tren?.  Ante todo-nos gritan desde lo alto- no tomarse las cosas al pie de la letra... 

Porque lo cierto es que no existen bases que valgan cuando se presenta una estrella literaria y ésta compite contigo.  En cuanto a la temática...para el mismo caso del dudoso concurso del tren; la poética en todas sus variantes es inversamente proporcional no solo al estilo sino al mismo criterio estético de Antonio Machado. (No sería arriesgado afirmar que el poeta fallecería por segunda vez al ver con qué ahínco le rinden tributo a su obra) siendo incongruente con el criterio de este concurso, también la voz poeta en su más amplia definición. 

En resumen: el criterio reinante en la crisis también de los relatos es la no-poética absoluta pero sí el desbunde absoluto.  Pues seguimos escalfándonos en el líquido recalentado, recontra recalentado de la movida y sus desmadres para siempre.  Aunque pasen los años.  La movida será eternamente el significante astro de todo lo relacionado con la disidencia en España.  No cabe otra clave de queja o batalla, otra vestidura para la reacción a las tiranías, o siendo más modestas, la tan nombrada subversión.

Porque el atractivo del relato parece medirse en más de un concurso por la cantidad de rayas de coca que el escritor en cuestión (o más exactamente personaje/avatar) escriba en mayúsculas que se esnife, por la infaltable exposición de sexo heteronormativo=mete saca y previsible... de resacas manidas de noches neoyorkinas, (y nada más, increíblemente nada más ni siquiera rascando el fondo).  En el realismo sucio suele haber algo detrás, lo que justifica la existencia de la sordidez, es decir, el peso del relato.  Pero aquí no. Aunque me frote los ojos con fuerza, no encuentro ese algo más que convierte una anécdota hueca, huequísima, de un compañero de fiesta anónimo (y de turno), en un relato literario.

Y entonces me pregunto: ¿Dónde quedó aquello de que la escritura tenía un cometido?.  ¿Acaso soy tan vieja? o ¿acaso los viejos invirtieron las leyes del juego y apuntan a pseudo osadías significadas por ellos como "juveniles" y "en la onda" para obtener aplausos de los miembros de un jurado que ansían también a su vez ser modernos para desprenderse de una vez por todas del ser carca que llevaban pegado hasta ayer a la espalda? ¿Se trata de una máscara más sobre las otras que ya tenían incrustadas?

Y escribiendo esto desde la decepción más profunda, a medida que me propongo dar por finalizada esta necesaria metástasis, privilegio de mi época en que la decepción nuevamente se va transformando, siento que obtengo un logro.  Gracias al exorcismo de esta máquina, al streaming llevado a la palabra que me otorga un efecto irreversible: el del blog.  Porque puede que mi cuento como muchos otros cientos, miles...(mejores), ni siquiera haya sido sacado del sobre aquel que enviaste tú también a esta farsa de concurso citado al que como yo le harás una cruz.  Puede...

Pero que te alivie esto: Una sola queja aquí y ahora es más que nunca posible y necesaria debido a la parte que en realidad funciona como un todo, la única parte crucial de la telemática: La revolución incluso desde la unidad.

Y por eso: lo dicho dicho y publicado está.

jueves, 29 de noviembre de 2012

ALmas nómadas


Detalle de Mizuno Renpei

El inconformismo toma mil caras diferentes.  Como el mosquito que vuela lento
y jamás se deja matar. Y seguimos mudando de piel aunque poca piel nos quede ya.

Nuestros dientes, en proceso lento de adaptación hacia un mundo cada vez menos carnívoro, continúan no obstante, perdiendo esmalte.  Porque comemos, continuamos habitando febrilmente en la inquietud.

También nos seguimos moviendo. Aunque nosotras, aquellas que optamos por abandonar innumerables rebaños, seamos aún niñas para mentes demasiado adultas que pueblan este mundo.
Quizás en contextos de pobreza y marginación, crezca el pequeño
monstruo que nos obliga a mudar de tierra como se mudan las bestias.
Porque el sitio donde estamos es donde se germinó el dolor.

Migrando...migrando de cuerpos también.  Pensando que tierra diferente
equivale a cuerpo y mente renacida (o decrépita).

"Que-da-te en esa pequeña ciudad estrecha de tronco que has elegido esta vez,
 la tierra escupida,
 La tierra impregnada de la saliva más blanca y revoltosa que arroja allí el mar...
al menos por un tiempo"- cantan labios consejeros mientras te miran los ojos,
un poco más arriba con
compasión.

 Pero pocos saben que nacer de nuevo (a menudo sin importar donde) es en ocasiones
el remedio único y posible a una fila de sucesivos pesares. Y que ese "por un tiempo"
se puede volver toda la vida si esta amante impredecible te atrapa con su adictivo consomé.
Esto sumado a la necesidad voraz de sentir otros aires y otras lenguas, aunque sea
la lengua de nuestra infancia; alimentan la FUGA, como si esta vez en efecto
pudiéramos ponernos a la altura de esta vida en su faceta más esquiva.

Jeannette Walls1 en su Glass Castle, nos atrapó una vez con su relato vivo
y en primera persona.  La historia del otro lado de padres nómadas que crían a su prole
en completa libertad.  Jeannette sufrió las consecuencias de una angustia
precoz debida al hambre, al miedo, a los constantes cambios, a la inseguridad.
Como en Niños Hippies de Maxine Swann y en cierto modo Las Teorías salvajes
de Pola Oloixarac. 

Cuando la disidencia está tan cerca de una, así como
la tierra de la planta, nos esforzamos en darle la vuelta al concepto
estropeando así la idea primera.  Más allá de riqueza o pobreza, la cuestión es
decir: Basta!
Y hasta cierto punto se entiende.

La cocina cuando yo era pequeña (ahora os susurro)
era un completo caos de mugre añosa, restos de comida
amontonada y cacharros sin fregar.
Pero la música, las voces de amigas y las lecturas ocupaban ese lugar. 
Es la primera vez que vuelvo este secreto
tan público y me domina el pudor. 
Pero pienso en mi madre desde ultratumba y 
me hace un gesto con la mano, así como diciendo
" hay algo debajo. Sigue adelante..."
como para que os siga contando, entonces me animo:

 La consecuencia de este imprevisto en mi yo
de niña que crece fue
pulcritud, pulcritud
extrema  / tan nociva como el caos /.  Creedme.
Intento curarme, estoy en ello...
Son las puntas del palillo: filosas en extremos: pinchan
redondeadas en cuerpo, aquí me quedo.

El nomadismo y la libertad siempre podrán exculparse
la actitud no.
El desliz, el quiebre que no querías para tu vida
está en cómo recibes, cómo enfrentas lo maravilloso
lo que es imperioso y no te das cuenta.


Y poco tenemos ya, cuando nos hacemos viejas y abrimos las manos.
Manos. Manos sucias, uñas comidas, rastros de aquel esmalte
naranja con que tu amiga de esa noche pintó esas uñas
en su caravana
amiga de la que ya no recuerdas su nombre
pero amiga.
Sin coche, sin las cuatro paredes tentadoras, sin la criatura que
tú sí quizás... nutres con tu leche.

¿Qué tenemos ya?
En la misma mendicidad del principio
quizá la monotonía del retorno al ciclo
nada que agarrar en la ansiedad pero
quizá la calma de no haber querido tener.


1Walls Jeannette: Glass Castle, New york, Scribner, 2005.