lunes, 16 de abril de 2018

El clan, el final

Daniel Danger




...Los hermanos se unen como como uno solo animal dispuesto a la lucha. Mira y se mueve de manera distinta, pero es el mismo animal. Acorralado bajo la piel de Elio y alerta como un tigre en los músculos de Guido. Julio, quitándose el saco y subiéndose las mangas de la camisa, actúa con la astucia de siempre. A Fernando la orden del hermano mayor lo enardece tanto como sus propias fantasías. Luis vuelve a la sangre común. Y Agustín, con la cabeza tapada todavía por la máscara de soldar, camina como un indio rubio hacia la ronda de los sacrificios.

Stravinski se oye a las ocho y media por última vez. Metidos en una red de pescar, izados a media asta en el mástil roto, Natalio y la mujer ven partir entre los árboles a la familia nuevamente unida.

                                                                                                      Ana Basualdo

martes, 3 de abril de 2018

El atrevimiento de la poliamorosa

Ana Belén Rivero


        Sigue siendo el acto más revolucionario decir en voz alta lo que una piensa....     Rosita



Observó a la madre y a la hija. Quizá fuera la comida reluciente encima de la mesa que provocaba tal desajuste en sus pensamientos.  Quesos y embutidos abundantes para una calurosa noche de verano. Las personas se vuelven otras con la comida. Definitivamente. Más en estos pueblos mediterráneos. Obsesionados con las horas y sus respectivos turnos de engulle. Obsesión que deja la mente y los ojos en blanco cuando de zampar se trata. También los observó a ellos. Al padre y al hijo. El hijo también la miraba de reojo mal disimulado. La ansiedad por hablar y comer a la vez le hacían respirar de tal modo al niño, que la invitada no supo ver si aquello que masticaba eran lonchas y más lonchas de jamón serrano y chorizo, o su propio corazón.

Es como si las ideas fluyeran según el contexto, la cuestión es que a veces simplemente no fluyen, se quedan estancadas -pensó- como el aceite de palma que con el frío, se vuelve pasta espesa.

Pero aquella familia vivía para las ideas.  Entonces nunca llegó a entender por qué fuera de las reuniones políticas, se volvían tan previsibles. Tal compostura la asustaba.  Era como volver al inicio, cien siglos atrás en la rueda de un tiempo que se le presentó de golpe primitivo, en aquellos ojos. En aquellos diversos pares de ojos que la miraban desde la oscuridad total de las cavernas.

Ojos ahora opacos.  No reflejaban la luz irrepetible de cuando intervenían en las reuniones del Partido.

De repente tuvo un miedo inmenso de todo lo doméstico.  Quizá de manera un tanto apresurada, no diré que no, vio que aquellos pequeños ritos cotidianos de pásame el agua y la sal, te quiero mi amor, cómo te fue el día...escondían algo perverso.  Aunque no...perverso no es la palabra.  Quisiera decir un tipo de malignidad muy liviana que nunca llegará a ser perversa, y jamás, jamás, un caramelo envenenado.

Una cierta intimidad poderosa. Tan poderosa, que pudo ver de repente, la desnudez total de la familia. Como si una mano invisible les hubiera quemado la ropa a láser. Fue cuestión de un nanosegundo. Y no podía ser otra mano que la de la intimidad. Que nos vuelve nosotras mismas, sin máscaras. Sin más excusas que lo que somos realmente.

Cuando le ofrecieron el salmorejo, miró para otro lado...

Ay, hasta diría que parecía un cuenco de sangre coagulada aquello.

-¿Pero, y a ti qué te pasa ahora Marisa? ¿Te sientes bien?

-Pues tú te lo pierdes maja, que este salmorejo de la abuela está que revive a un muerto.

En momentos así, agradecía no haberse drogado nunca... su hipersensibilidad habría acabado con ella bajo el efecto de las drogas. De cualquier droga.

¿Cómo no ser hipersensible ante la violencia explícita que implicaba afirmar con rotundidad de sabio de la vida, en cierto momento del chute alimenticio, que una cierta señorita jugaba con los hombres solo porque amaba a dos a la vez?

A la hora de la cena, cuando se sueltan esas perlas esmaltadas de verdades. Delante de un hijo que aunque no piense igual, jamás se atreverá a decirlo para no disgustar al padre más progre.

Pero la invitada, que era ella misma, mismísima, en carne y hueso, la poliamorosa de la que estaban hablando, hizo algo que en un momento de calor tan íntimo, resultó ser para la familia, un corte rotundo de digestión. Levantarse de la mesa sin haberse zampado ni una miserable miga, no sin antes soltarles:

Que os aprovechen vuestras contradicciones.



martes, 20 de marzo de 2018

Envellecer



Envellecer é descubrir a transparencia, queimar as fronteiras, fundir os límites, botar abaixo 
os biombos, dilatarse, esluír o contorno da nosa individualidade para conquistar unha unidade
onde non existen xa diferencias.

                                                               María Casares

martes, 13 de marzo de 2018

Amó

Colonia del Sacramento-2012


                                                          con la rabia definitiva
                                                                    indisoluble
                                                                      y el llanto,

                                                          esa carne hecha agua tibia
                                                               de la recién parida.

martes, 20 de febrero de 2018

Rescate

Fumico Azuma





Hay que despojar la palabra
capa tras capa

a cuchillo

decididamente
  
hasta que quede esa cosa
primera
ese nervio pelado al viento
que no es grito
ni voz 
                            ni voz

    ni esencia

si cabe, la nota envuelta en sí misma
todavía palpitante en su encierro. Anacarada,
que se apropió el lenguaje.

lunes, 22 de enero de 2018

El mundo



El mundo.
Una experiencia distinta.                                             Sándor Márai

domingo, 31 de diciembre de 2017

Pero la gente es sensata




Si es cierto lo que dicen de que escribir alivia 

                                              cuando el contacto es boicoteado anulado
                                            o en el peor de los casos inexistente
                                               
                                                          el oxígeno sería un aire repleto
                                                          de letras


y el mar...



negro en su tinta porque negro será siempre
el color
de la pérdida 
         
                                               
                                               Qué derroche de verbos
                                               Qué empacho de sentimiento


                                                                    Lo prefiero así. Rumiando
                                               cada cual nuestro oxígeno vacío, inconmensurable.