jueves, 14 de mayo de 2020

La certeza y el desconocimiento



La certeza y el desconocimiento

Me habita el desconocimiento, habitado a su vez por la única certeza, universal: alguien me protege y exige sumisión desde la verdad última, sabedor de unos conocimientos a los que no tengo acceso. Pero vela por mi bien. Me encuentro en una situación que no me explico, inexplicable según argumentan quienes me administran la información. Y convierten la información en norma: disciplina: aislamiento: obediencia. Por mi bien y por el bien de mi vecino y de la humanidad. Cualquier respuesta disidente del modelo es criminalizada y penalizada como corresponde.
La única certeza es una imagen, la omnipresencia de los poderes fácticos que administrarán mi vida y cuidarán de ella en los días por venir. No tengo acceso a nadie que sepa nada, a excepción del espectáculo en la tele, que interpreta la realidad por mí.

Hay una única fuente de información certera: la oficial, que es el poder oficial de meter miedo: la pandemia. Y lo que queda fuera son un batiburrillo de bulos. Hay una única situación que me compete y a la que se me apela: la disciplina. El ejército ocupa las calles y las noticias por mi bien ante el enemigo universal, aséptico y neutral: un virus pande, invisible, contra el que los ejércitos actúan con fumigadores. ¡Menos mal que tenemos ejércitos! ¡Menos mal que tenemos hombres!

(Solo he visto a las mujeres en tv en labores de estricta limpieza, bayeta en mano).

La salud ante todo. Y ante la enfermedad, ajena a las políticas, según se nos administra informativamente, todos a una. Todos son algunos, porque la mitad se cae del curro, del hospital, de la seguridad social, del paro, del trabajo interno, de los papeles, de la extranjería, de la sexualidad, hasta del wifi… Esos que no llegan, se quedan ya en el segundo infierno (el de los que no tuvieron cuidado) al que nadie quiere llegar y del que resultará cada vez más difícil salir.


Aunque soy contraria al binarismo, mi mente, asimilada a la simplificación que me rodea, por simplificar, también, en estos momentos iniciales, y, como hipótesis de partida, me dice que los escenarios son dos: que quienes deberían de saber no saben nada, o que lo saben todo.
En el primero, resulta que quienes nos parece que deberían detentar el poder de solventar la situación y haber previsto, están al albur de lo que pase, con una improvisación tan enorme que, realmente, quede manifiesto lo lábil de este sistema: todo lo sólido se desvanece en el aire. Se para el mundo y se disparan mecánicamente los resortes, a ver qué pasa. La primera consecuencia es contribuir, con su ineficacia a consolidar los aparatos más radicalmente fácticos, los más elementales: callar y obedecer. Y, de paso también, a sacar partido del río revuelto afirmando soluciones simples que todo dios pueda entender, aunque no sean ciertas, pero con cara dura firme. (La gente es dúctil, y está colonizada para anhelar la seguridad que da el contrato de cumplir con sus deberes, aunque sea a duras penas).

Con poquito que les digas regalas sus oídos. Y, ya, por qué no, aprovecharse de que un asunto así lo tapa todo. Refuerza la autoridad, nadie cuestiona.

En el segundo escenario, ellos lo saben todo y no nos dicen nada. Si esto es así, colega, agárrate, porque somos un laboratorio más para los impresionantes escenarios que se nos avecinan.

En cualquiera de las dos situaciones aquí va la respuesta: como en el laboratorio de Wuhan somos el virus que ya existía, y ha sido descubierto: el que se va a escapar de su control diseminándose, inoculando el pinche mundo.

Josebe Martínez
UPV/EHU

Nota de la administradora del blog: Esta es una de las primeras reflexiones que Josebe escribió  pocos días después de declararse el Estado de Alarma, a mediados de marzo. Ha ido elaborando más, que suponemos pueden ser distintas (o no). Dependientes un poco de sus días ante este duro confinamiento, de la (des)evolución de la pandemia, y de la realidad misma que cada vez se nos antoja como ella bien dice, más pinche.

domingo, 19 de enero de 2020

¿Nuevo año, nueva vida?

Praga

                                     



Urte berria, bizitza berria?

domingo, 30 de diciembre de 2018

Meatless

 ilustración de Ana Pez

A veces la ansío.
        Ansío comerla y tenerla.

Ser dueña de un par de manos. Saber que la derecha se apoya en la izquierda y viceversa.
Y mentiría como la peor de las impostoras si os dijera que nunca envidié el dolor que
causa un buen tirón de pelos.

El metal no huele, y lo peor, es que dura para siempre.
Cuando llueve, todo retumba dentro de mí.
¿Qué importa que los perros me teman o que nunca tendré que recurrir a la defensa personal?

Si lo que atañe en realidad, no es el material que nos conforma.
Pues, por más liberador que parezca, yo también huyo de la jungla.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Odio y amo



Odio y amo. No me preguntes por qué hago esto.
Pero siento que sucede,
y sufro. 

                                         Catulo

martes, 25 de diciembre de 2018

Life cards

Resultado de imagen de feliz navidad mi granero

                           Para todxs!

martes, 18 de diciembre de 2018

Algunos deseos

Resultado de imagen de correr sin miedo y no por miedo          no deberían ser nunca utopías

sábado, 15 de diciembre de 2018

Toda vez


Toda vez que despierto
aunque me saque la pesadilla
muero

y desaparezco cuando se apaga la última certeza
                                                 
entonces transito por ese aire que no es el de la vida

Toda vez que un cuerpo es violado
pienso en mi primera violación.
Si logras atrapar al erizo, podrás contarlas.

Lo más noble del dolor es que te otorga una pátina
es como un hada que con su varita te transforma.

La pátina es el regalo, en lo que se convirtió tu ser
los entes felices aun así, intentan tocarte desde todos los ángulos posibles
envidian que a cada rato quieras volver a morir.

Porque ellos transitan únicamente en el aire de la vida,
que en realidad no es un aire

pues no circula

Y ríen los seres felices. Sus perversiones son tantas
que no te atreves a mirarles a los ojos.
Esos iris palúdicos mienten como norma
puedes ver su mentira
detrás del disimulo más brillante

No le temas nunca a tu tristeza. Es tu mayor esplendor.