lunes, 14 de diciembre de 2015

Buscando a papá




Podría haberse dormido en plena clase como tantas otras veces, pues era evidente que estaba cansada.  Sin embargo, aquella mañana no se durmió.  Tampoco apoyó su cabeza, ni por un momento, en el hombro de su compañera.

Recuerdo que era un aula pequeña, y los inviernos se soportaban bien. Por más que los vidrios de las ventanas eran finos, y podía verse al frío con claridad, romperse las narices contra ellos para poder entrar.  Sería por el té tibio con leche recién salido de la máquina, o por las bolsas portables de agua caliente, que de solo verlas, ya se entraba en calor.

La gramática, aquella mañana, se negó a entrar en razón.
Me di cuenta porque tosían.  Era polvo blanco lo que salía de sus bocas.  El polvo blanco de las tizas que no estaban en su sitio.  Fue como el susurro de una lengua hinchada.  Grave, pesado.

Y se hizo de golpe, un ovillo gigante de alambre, en el aire.

Dicen que cuando esto pasa, la mejor cura es el silencio.
Pero yo pregunté.  Le pregunté:

Zheng, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

No mucho.  Ayer dormí muy poco.

(                                  )

Acompañé a mi madre.  Fuimos de hotel en hotel a buscar a mi padre...que estaba con su amante.


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