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jueves, 11 de abril de 2013

El retorno a las agujas









Una mesa redonda se hacía más pequeña a veces,
a la hora de comer… poligeométrica como por arte de magia.
Crecí admirando esta mesa. Veía el suelo cerca de mí:
manchas negras sobre granito blanco o verde, los suelos
de aquellos años. Imaginaba formas en aquellas baldosas,
las manchas eran habitantes que me hubiera gustado conocer.
Ahora, en otro viaje a este
destino, donde para entrar hay que tener coraje y romper
una cáscara blanca; todo comenzó a repetirse, sabiendo que llegaba.

Me hablaron de la suciedad,
mirándome con miedo,
como si yo no supiera que interrumpe mis sueños
desde aquel entonces, intentando evitar que los objetos
estén donde estén,
su inercia, su frescor.
Y odio el no haber abierto la boca para decir que había otras cosas,
que eso, por decir algo,
fue un mal menor en medio de una calma
extraña, en medio de las ropas que aún están por crearse.

Este pueblo es lo mismo; la yema que nunca espera hacerse.
Compruebo que
un universo permanece intacto y protegido de tanto en tanto…
cuando logro romper la cáscara. Elsa sigue cosiendo, uniendo unas
almas con otras, unas penas con compañeras que ella elige,
unos momentos con instantes que saca de aquí y de
allá. Nos hace reír.
Sus hilos son las emociones
que ha logrado extirpar
de unos cuerpos ignorantes hasta entonces de este existir.
Pero nada cose
hasta que yo no hilvane sus ideas.
Siempre ha sido así. Necesita un apoyo que en el momento crucial no obtuvo.
Cuando las lechuzas dejaban de lamentarse por las almas solas,
Elsa se sacaba el dedal.
Veo colores que me animan como los olores que más me estremecen,
los más picantes y nuevos,
a veces plásticos; (mis drogas de niña)
son las telas que cubrían mis manos pequeñas
cuando
dibujaba
y comía, cuando estudiaba y lloraba,
cuando dormía.

Muy a menudo me lamento porque ella ya no está,
pero también me río,
porque ahora como amazona que sabe de su justicia,
está más que yo en su libertad.
Terca como soy, sólo cuando algunos pensamientos rebotan
en mí porque la cabeza suele irse con frecuencia a otros rumbos,
Elsa me machaca con su máquina de coser,
porque ahora es aire y no habla
y aplica los instrumentos de tortura de su arte (como alfileres que se iban con la
comida)
cuando es necesario que yo la tenga clara, sólo para reconocer que
algo se activará. Quizás desde su nueva visión,
disponga de las herramientas para encontrarnos un refugio, para
mejorar esta especie,
para redimirla.

Así es como ha bajado un ser bueno puede que desde alguna dimensión
que me acompaña otra vez con las costuras
que tanto añoraba. Otra vez me rodean las texturas
y los colores brillantes,
las reglas y las tizas suaves que marcaban papeles crujientes
que besaba cuando era una enana.
La bovinas de hilo enormes son ofrendas de Elsa desde el hiperespacio,
distingo sus triquiñuelas para hacerme llegar su confianza y su calma.
Son ardides para mi locura.
En tiempos en que se habla de Universos paralelos
- donde la información cumple deseos que todavía no aparecen-
(así como una golosina que se pasea por el aire insistente
ante el empacho de un gigante),
que broten seres que te recuerdan a otros seres, es un regalo de esperar.
Cortan y pliegan, hacen y deshacen.

Cuando me coloco las alas y atravieso
aquellas montañas -matronas turgentes separadoras de mundos-
las sigo viendo sonriéndome entre las nubes.

El pueblo me atrapa y lo saben, pero me dejan caer en él.
Es un remedio ante la perdición de no saber qué hacer
cuando se pisa y se vive en el laberinto.
De tanto en tanto amarro la cuerda del bote para no irme del todo,
entonces vuelven
a aparecer los rostros envejecidos
pero que siguen siendo rostros de niños,
los sabores intactos,
los llantos,
las ortigas y el olor a lluvia reciente, el caldo… la bosta.
Pero no me retienen porque al irme dejé de jugar.

Como un percebe aferrado para siempre a su roca,
lo vivido se aferra a su origen.
Cuando, tras la búsqueda inquieta del origen,
vemos que sólo habita en la mente,
se inician otras búsquedas
a las que precipitadamente dispondremos de un sentido
y entonces

Pica, pica la piel.

Durante años busqué a mis amigas con obsesión,
siempre con la imaginación.
Niñas- viejas dispensadoras de aventuras- recuerdos
almacenados durante años en el rellano de una casa que ya nadie reclama.
Sólo yo. En el pueblo todos cumplen su papel.
Sus saludos mutuos son defensas, fuentes de calor dentro del huevo.
Y si vas, no encontrarás aquella playa
pequeña… repleta de algas secas y resecas al sol;
/olor indómito que dejó una cruz en mi corteza cerebral/,

pero la misma espuma de mar transmigrada en su mismo elemento,
te azotará la espalda de por vida,
mientras las bandas de gaviotas alborotadas
te gritarán desde arriba que eres una ilusa que busca lo innombrable,
pero respiro porque el alivio es que nunca te echarán de este,
su escenario-espiral.
Sé que en sus cofres, además de honores náufragos,
guardan la receta de esta tranquilidad que nunca llegará a mí.
Poco a poco (…) con la calma…
aprendiendo a valorar estos reencuentros,
la paz de aplacar angustias en lo posible;
el retorno.

Por eso dejo que Elsa desde ultratumba maniobre mi vida,
llevándome en ciertas instancias a su vera sólo para que vea
qué me depara el fluir de mis años,
y sigo adelante
admirando las coincidencias ingentes
que con humor matriarcal pone en mi camino.
Encuentro los objetos que perdí, objetos que ella todavía custodia
y respondo con un guiño a su guiño.
Estas son las formas de reparar tantos daños, son las formas de unión
entre los vivos y los muertos,
y entiendo que no lo creas,
pero dime qué piensas cuando el cuervo regresa al hombro de su amigo un día…
dime qué piensas.
Y hay esta criatura, que también existe y no existe.
Lanza rayos de alegría aliviándome la piel.
Elsa y ella son de la misma raza. Cosen y cosen,
uniendo con hilos fuertes lo que sirve,
las pocas cosas que merecen la pena de verdad,
como si fabricaran vida,
manteniendo la primera ese lenguaje hecho de luz
que la segunda esconde como el tesoro más valioso
que hubo alguna vez, protegido en un nido justo debajo de su
flequillo.

Publicado en Poeginia, Barcelona,


domingo, 24 de junio de 2012

O pai / El padre


 (traducción del gallego
   mía y de XB)


Non penses que non cho quería emprestar.
O xersei azul, que me pedías cando ías á rúa
e querías estar guapo,
ti xa sabes.
Era que era outra, que non me coñezo do que era;
agora.
E tamén pode ser que te odiara…anque despois
fixérasme aquelas cousas cos teus beizos… botabas
ventiños pola boca e a min facíame rir… mentres te apertuxaba as meixelas,
aínda que
eu non sabía cómo se facía, cómo se facía o que outros
fan. Queren, sen máis…así de doado é.
E ti mentres cuspías, cuspías sangue naquela queixa brutal de que
non tiñamos corazón.

Non sei porque pasou tanto tempo dende que fixen
a análise ata que puiden ó fin ficala, ficala nalgún espacio ceibe,
nalgún espacio onde conservar as miñas memorias. Soamente
procuraba un oco, pode ser este, non o sei.
Supoño que
non quería, tiña medo de lembrar máis aínda,
de lembrar as rompentes daqueles momentos,
de imaxinar as cúspides…o terror do que non se pode ver.
Falabas…dicíasme ledo “ Caroliña” ( as túas chiscadelas son cóxegas). Por qué trastornabas a lingua pai?
Porque todos o facían, xa o sei.
Pero quén te ía dicir a ti, que nun poema atoparía as pezas
aquelas que nós non atopabamos cando ti vivías e a túa filla era
cativa, tan cativa que me amañaba para entender que o que facías
era o normal?. Quén me dera hoxe prestarche todo e saír contigo sempre
que quixeras, quén me dera…. vive outra vez, que quero darche esta culpa que me roe
os talóns. Lévaa contigo onde queira que mores, sei ca ti non te fará
mal ningún. Lévaa contigo á rapadoira, eu non a quero.

Facía que bailaba cando mo pedías, pero non bailaba, nin eso podía facer.
Víctor, pensas que algún día, se é que haberán días;
darasme esa man túa, seca coma raxo ó sol para que a poida tocar
outra vez? Soamente quero escoitar “sí”. E segues estando cando abro
a xanela, anque case sempre a atopo aberta, aberta para ti e o mar/ e estás aí,
como fai anos,
cando me dicías aquelas cousas fantásticas
dos estaleiros, e de Ohio, mapamundi vello que nos alumaba, hipóteses túas do contrasol,
viaxes distantes, barcos dos que se fixeron listaxes….
e logo eu ía coas miñas amigas
e xogaba ós teus xogos de enxeño. E si eras un hipster ou non, qué mais dá?
Eras un dos derradeiros dunha estirpe mariñeira, onde o viño é a auga
que mudou a cor.
Lagartos probes nun pobo onde miseria era a nosa hipérbole. E a tolemia…
unha condición.

Cantabamos a veciña e máis eu cando nai apareceu de negro.
Falan de shocks, isto é falar brando.
Choros unha semana enteira, anticipo dun furado onde tiña que haber
terra, non aire. Aire ó baleiro, nada mais. Pode ser que aquí medrara esta soidade,
que tantos e tan distintos exorcismos foran as sementes dunha xeración de berros,
berros xa cansos, sen voz, sonoridades mudas, atrapadas nunha cova de carnosidades
protectoras; a gorxa. Gardo os meus berros, apertándome a eles como se foran segredos,
agardando mentres
que berren, ó fin.

E dixéronme, xente achegada que te quixo, que non che fixeran honores de home do mar,
para cando non estiveras máis connosco, pero ti estabas alén de estes ritos…
ti que soamente cobizabas pensar, e os teus cigarros. Así cobizo eu o rabo
que me guíe no bailar. Así cobizo eu as cousas que non tivemos tempo de
nos dicir. A última cousa: un bico de xeo, despois de destapar lembranzas de
filla que non coñeces, lembranzas de orfa, orfa de ti e de min,
orfa de tódolos corpos.




El padre



No pienses que no te lo quería prestar.
El jersey azul, que me pedías cuando salías a la calle
y querías estar guapo,
tú ya sabes.
Era que era otra, que no me conozco de lo que era;
ahora.
Y también puede ser que te odiara… aunque después
me hicieras aquellas cosas con tus labios…echabas
vientitos por la boca y a mí me hacía reír…mientras te apretaba las mejillas,
aunque
yo no sabía cómo se hacía, cómo se hacía lo que otros
hacen. Quieren, sin más…así de fácil es.
Y tú mientras escupías, escupías sangre en aquella queja brutal de que
no teníamos corazón.


No sé por qué pasó tanto tiempo desde que hice
el análisis hasta que pude al fin dejarlo, dejarlo en algún espacio libre,
algún espacio donde conservar mis memorias. Solamente
buscaba un hueco, puede ser este, no lo sé.
Supongo que
no quería, tenía miedo de recordar más aún,
de recordar las rompientes de aquellos momentos,
de imaginar las cúspides…el terror de lo que no se puede ver.
Hablabas…me decías alegre “Caroliña” ( tus guiños son cosquillas ). Por qué trastornabas la lengua padre?
Porque todos lo hacían, ya lo sé.
Pero quién te iba a decir a ti, que en un poema encontraría las piezas
aquellas que nosotros no encontrábamos cuando tú vivías y tu hija era
pequeña, tan pequeña que me apañaba para entender que lo que hacías
era lo normal?. Qué daría hoy por prestarte todo y salir contigo siempre
que quisieras, qué daría…vive otra vez, que quiero darte esta culpa que me roe
los talones. Llévala contigo donde quiera que mores, sé que a ti no te hará
ningún mal. Llévala contigo a la rapadoira , yo no la quiero.
Hacía que bailaba cuando me lo pedías, pero no bailaba, ni eso podía hacer.
Víctor, piensas que algún día, si es que habrán días;
me darás esa mano tuya, seca como raxo  al sol para que pueda tocarla
otra vez? Solamente quiero escuchar “sí”. Y sigues estando cuando abro
la ventana, aunque casi siempre la encuentro abierta, abierta para ti y el mar/ y estás ahí,
como hace años,
cuando me decías aquellas cosas fantásticas
de los astilleros, y de Ohio, mapamundi viejo que nos alumbraba, hipótesis tuyas del arcoiris,
viajes distantes, barcos de los que se hicieron listados…
y luego yo iba con mis amigas
y jugaba a tus juegos de ingenio. Y si eras un hipster o no, qué más da?
Eras uno de los últimos de una estirpe marinera, donde el vino es el agua
que cambió de color.
Lagartos pobres en un pueblo donde la miseria era nuestra hipérbole. Y la locura…
una condición.

Cantábamos la vecina y yo cuando madre apareció de negro.
Hablan de shocks, esto es hablar blando.
Llantos una semana entera, anticipo de un agujero donde tenía que haber
tierra, no aire. Aire al vacío, nada más. Puede ser que aquí creciera esta soledad,
que tantos y tan distintos exorcismos fueran las simientes de una generación de gritos,
gritos ya cansados, sin voz, sonoridades mudas, atrapadas en una cueva de carnosidades
protectoras; la garganta. Guardo mis gritos, apretándome a ellos como si fueran secretos,
aguardando mientras
que griten, al fin.
Y me contaron, gente allegada que te quiso, que no te rindieron honores de hombre del mar,
para cuando no estuvieras más con nosotros, pero tú estabas más allá de estos ritos…
tú que solamente ansiabas pensar, y tus cigarros. Así ansío yo el rabo
que me guíe en el bailar. Así ansío yo las cosas que no tuvimos tiempo de
decirnos. La última cosa: un beso de hielo, después de destapar recuerdos de
hija que no conoces, recuerdos de huérfana, huérfana de ti y de mí,
huérfana de todos los cuerpos. 


Foz, Lugo, febrero del 2010


 

Publicado en mi primer Poemario poeginia




jueves, 21 de junio de 2012

Haiku

                                                
                                                               




                                   los osos gruñen
                                           el mukkuri se queja
                                                  los ainu mueren

                                                                       Hokkaido, Japón, 2009


 
                                  Foto: cortesía de Mizuno Renpei             




lunes, 14 de mayo de 2012

Taller 1



En el espacio que hay entre los tiempos
Construido en resistencia, amado en la batalla
Madera, madera y basura
En la perdición de no tener un lugar
encontré uno cuando pensé que no había
ya nada por encontrar. Aquellas cosas, tan unidas
fueron los ajos de la destrucción. Aquí entramos,
en el desorden de una vidriera dada vuelta,
en geometrías rebuscadas que incitaban a la inmersión.
Soy hombre de conocer temiendo, pero aquí sentí el calor
Otra vez.

Entre humedades y espíritu animal, fuimos haciendo,
(yendo para atrás) Bastión de objetos-que-no-se-deberían- desechar
aquí aprendimos un poco de esa materia…
que trata del sentido de la creación.
Cosas creadas por manos y máquinas- luego tiradas-más tarde, recuperadas.
Así se recicla la tranquilidad.
En una esquina, persiana estirada, contenedor de tantas manos que hacían,
Hasta llegar a esas formas firmes que vinieron a dar en cueva,
allí dormía yo.
Y todos los durmientes enanos me regaban de blanco
aún en la oscuridad (despiertos):

el pequeño;
tijera en mano, cazador impulsivo de zapatos,
invasión de zapatos atrapados en el somier.

Las ropas, colgadas en tantas perchas,
no eran más que cuerpos listos para las fiestas,
Y los cuadros no eran cuadros, eran nuestras mismas caras prestadas
a esta madera reinante,
Esta madera repintada, agujereada, que olía y veía, tocaba y hablaba,
que respiraba


Esto no es sueño, es descripción.
Pero soy testigo de otras y otros soñando en su Taller.
Los ojos de la lógica también se prendaron del lugar.
Como el bicho más mimoso que imagines
Piensa: no lo has de (        ). Desván de un mundo, desafío de lujos anodinos,
Con el plus de la diversión.
Porque aquí no había edad, porque Fu tampoco tiene edad,
y esta misma idea fue regando
Así, así nos fue drogando.
Y en los haceres íntimos, ojos buscando a través del vidrio,
buscando el salto, ahora….

Estrellándose en el asfalto.

Es ese olor a Ayuntamiento, la grúa cuando es edificio
y actitud.
Y quisimos luchar y lo hicimos, estrellándonos nuevamente
en este asfalto.
Así nos saquearon
esta casa-árbol, esta Pagoda,
este confín que ya nunca podrás conocer.
Así aplastaron
una forma de ser, así Barcelona dice crecer.

Borrando rastros, aniquilando momentos, viejas torres
disparando hacia lugares que huyen
hacia contornos distantes.

Mientras que nos van empujando hasta que quepamos a prepo en esa caja
oscura donde se confunden los alientos, donde mi nariz se pega a tu nariz,
Donde el cemento nos envuelve con firmeza….en santuarios de confort.
Pero no son santuarios; porque en ellos las velas se apagan, y las niñas
no relampaguean. No los llames barcos. Son las camas que colocan para
los muertos, cuando lo que más quieren estos es ser otra vez, sin amarres…
en polvo de ceniza o mar.

Así nos (los) lleva el viento, entonces, cuando llegue ese momento
No habrá lucha ni angustia, ni modernidad. Volaremos todxs
Entre el agua y el cielo, dejando atrás a la Tierra donde nos quitamos
los cuerpos; donde parimos las hijas que vivirán lo mismo, pero serán
otras mentes, más amplitud
renovadas las fuerzas
en elementos nuevos
Trabajarán entonces las fórmulas
para vencer al fin… sin guerra al derrumbe.

Publicado también en Poeginia
cortesía de foto: Mumamel    mumamel@yahoo.es