miércoles, 22 de octubre de 2014

Naces

Andrea Latorre




naces (esta palabra que é de sangue)

Chus Pato

viernes, 17 de octubre de 2014

A Kimura Kenjo



Hermosa carta escrita por Natsume Soseki y dirigida a Kimura Kenjo:

                                25 de agosto, 1914


Me complace saber que estás mejor
de salud y espero que pronto visites de
nuevo Kobe para la práctica zen.  En
cuanto a mí, todo sigue como de cos-
tumbre (...) ¿Estás en la cama con este
calor? Según la enseñanza zen, guardar
cama también es zen, ¿verdad? Yo a ve-
ces me distraigo, así que duermo una
siesta después del mediodía: parece
beneficioso para mi mente.

Natsume Soseki: Haikús zen-Poemas y cartas, Edición de Soiku Shigematsu/ José J. de Olañeta, traducción de Angela Pérez y José Manuel Alvarez Flores, Palma, Centellas, 2012, p. 49.

                                    (Me consta que la Editorial Centellas no permite la reproducción de ninguna parte de sus obras por medio alguno, ante lo cual me adhiero al artículo 10 del Convenio de Berna que regula el Derecho de cita en el párrafo uno que dice, “Son lícitas las citas tomadas de una obra que se haya hecho lícitamente accesible al público, a condición de igualmente en el artículo 22 del Acuerdo de Cartagena, en la Decisión 351, literal a, dícese del Derecho de cita: a) “Será lícito realizar, sin la autorización del autor y sin el pago de remuneración alguna, los siguientes actos: Citar en una obra, otras obras publicadas, siempre que se indique la fuente y el nombre del autor, a condición que tales citas se hagan conforme a los usos honrados y en la medida justificada por el fin que se persiga”)  Fuente: Wikipedia.  Dado que por el tamaño del texto, el mismo puede considerarse una cita, no creo cometer con esto ningún acto ilícito.  Más bien colaboro con la creciente información libre que constituye cada vez más un derecho en tiempos de realidades hiper conectadas, lo cual es un sine qua non para el conocimiento colectivo y por otra parte para la difusión de Editoriales, tanto grandes como pequeñas).

domingo, 12 de octubre de 2014

Cuando la buscas no la tienes y si...



En aquella ciudad, nuevamente, el cansancio de caminar por calles que desde el décimo día, casi aprendió de memoria.
El impulso no tan pequeño de tenderse bien arrimada a este o cualquier mendigo.

Un cambio de piel para otra vida en tránsito.  Más cáscaras donde buscar con el empeño de quien disecciona un reloj con intestinos de pájaro, sentimientos y emociones que parecen existir en algún lado; pero fuera de los contornos del mapa.  La ciudad esta vez se llama Cape Town y se ríe, no para de reírse mientras contempla cómo las Diosas ponen la mesa, como de costumbre, con mantel blanco.

(Table Mountain es la mesa, y las nubes el mantel blanco).

Poco después, con amargura, ve cómo se aleja "the bus for us" y piensa en las patadas crueles de la diferencia, que amontona y separa en colores, formas, grosores...

Se acaba el mini "pie" de riñones comprado con prisas en un Seven Eleven, seguramente otra herencia más afrikáner.  Necesita sentir pegado al cuerpo su cinturón de viajera, invento de su madre. Todavía no ha pasado la línea que la cerca en su condición.  Quizás, al final de Long Street, otro sellado más en su hoja manoseada de la experiencia... o la felicidad.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La bicicleta

Nuevamente, tengo el agrado de publicar el microrrelato ganador del accésit en el III Concurso Nacional de Microrrelatos de Baños de la Encina escrito por TON PEDRAZ quien participa en nuestro taller de (co) escritura creativa. En este pequeño texto se refleja la importancia de condensar buena parte de la tensión en las dos últimas líneas.  Un buen final lo modifica todo, más en cuentos tan reducidos.  En este caso el final puede tardar en comprenderse, pero una vez asimilado, se siente ese mismo efecto de observar un cuadro en varias dimensiones.  El cuerpo que habla desde otro lado, cuando ya ha dejado de ser cuerpo.  

 LA BICICLETA

Pegué la nariz contra el escaparate de la librería y allí estaban, sin que la clientela pareciera darse por aludida.
Don Quijote aleccionando a Sancho, el Lazarillo hurgando en el bolso de una clienta que ajena consultaba un glosario de poesía, Ajab afilando su arpón junto a la vitrina con las últimas novedades, Julieta dejándose enamorar por Romeo, al pie la estantería de literatura juvenil...
A mi espalda un murmullo inquietante hizo que me alejase de aquel cristal mágico.
Frente a la librería, una multitud cabizbaja susurraba lamentos en torno a mi bicicleta nueva, aplastada bajo las ruedas ensangrentadas de un camión gigantesco.